En el diseño de interiores contemporáneo, el color es casi una herramienta estructural. Ya no pintamos paredes o elegimos muebles simplemente para «combinar»; lo hacemos para definir atmósferas, marcar personalidad y generar acentos.
Para muestra, el proyecto que hoy analizamos en profundidad, que firma el estudio Larramendi Jauregui, distribuidor de OB Cocinas en Azcoitia. En esta cocina, queda patente el poder que la paleta de colores puede tener sobre un espacio. En este caso el protagonista de la cocina es el verde arcilla Aunque es un tono cada vez más popular, sigue siendo una elección audaz. Eso sí, se siente muy natural. Es un color sereno y que trae calma y frescura.
Veamos en detalle el proyecto.
Una distribución eficaz
Más allá de su estética, lo primero que llama la atención de esta cocina es su distribución. La peculiar planta del espacio disponible ha sido aprovechada con maestría por nuestro distribuidor.
Por un lado, la zona principal de la cocina está distribuida en paralelo. En el lineal sobre la pared encontramos el área de cocinado y, frente a ella, una gran isla que hace las veces de zona de aguas y de comedor informal.
Por otro lado, y en perpendicular a esta, encontramos otra distribución en paralelo que se extiende por los pasillos de la vivienda, compuestas por dos zonas de almacenamiento (una de ellas con frigorífico y columna con horno y microondas) de suelo a techo.
Esta inteligente solución hace que la cocina se conecte visual y funcionalmente con el resto de la vivienda.

El verde como eje conductor
La segunda decisión magistral del estudio Larramendi Jauregui en este profesional es, como decíamos al principio, el uso del color. Al extender el verde desde los muebles bajos hasta las columnas de suelo a techo, se crea una sensación de continuidad con la que el ruido visual directamente no existe.. En lugar de fragmentar la estancia, el mobiliario se percibe como una segunda piel de la arquitectura.
Este verde, de acabado mate, posee una cualidad camaleónica: bajo la luz cálida, adquiere una profundidad acogedora; y bajo la luz natural (o incluso artificial blanca), evoca frescura. Es una base cromática que huye de la frialdad del blanco y de la severidad del gris oscuro, encontrando un punto medio que resulta atemporal.
Una pincelada de contraste
Si el verde es el lienzo, el negro es la tinta que define las formas. Nuestro distribuidor ha utilizado el color negro como elemento de precisión incluyéndolo en los perfiles gola. Estos trazan líneas horizontales que dan ritmo a la composición.
Este color también se ha utilizado de manera muy coherente los detalles técnicos y accesorios: el grifo, el fregadero bajo encimera, la vitrocerámica las estanterías e incluso los taburetes de líneas minimalistas, que a su vez actúan como puntos de anclaje visual.
El negro aporta el peso necesario para que el verde no “flote” en exceso, dándole una pátina de modernidad urbana que equilibra la suavidad del resto de la estancia.

Texturas orgánica como contrapunto
Una cocina de frentes lisos y colores planos corre el riesgo de sentirse bidimensional. Aquí es donde Larramendi Jauregui introduce el elemento estratégico: la encimera y el revestimiento de pared.
Se ha optado por una superficie clara con un sutil veteado y una textura que recuerda a la piedra natural o al cemento fino. Al llevar el mismo material de la encimera como revestimiento de pared, aumenta la sensación de continuidad.
El porcelánico de efecto madera del suelo hace que todo el conjunto funcione. Aporta la temperatura necesaria para que el verde y el acero de los electrodomésticos no resulten distantes.

La arquitectura del espacio: la isla y el pilar recuperado
Funcionalmente, la cocina se organiza en torno a una generosa isla central que es, a la vez, zona de preparación, área social y nexo de unión con el resto de la casa. Sin embargo, el elemento que verdaderamente marca la personalidad de esta cocina es la integración del pilar de madera robusta.
En lugar de intentar ocultar este elemento estructural, el equipo de diseño lo ha convertido en el protagonista absoluto. El pilar atraviesa la encimera clara, creando un contraste entre la perfección del mueble contemporáneo y la imperfección noble de la madera envejecida. Es un recordatorio de la historia de la vivienda y un acento de calidez vertical que rompe la horizontalidad de la isla.